dia 52

“Se despertó y el dinosaurio todavía estaba allí”

Dormía en la parte de atrás del todo-terreno que Gerard había “cogido sin permiso y sin intención de devolver” y nada mas abrir los ojos esa pequeña frase, cuento corto y perfecto de Monterroso me golpeó el cerebro como una pedrada.
Todo igual.
Yo también he “cogido sin permiso y sin intención de devolver” una pequeña maquinita con la que conectarme desde las zonas Wifi que se van cruzando en nuestro camino.
Al principio todo nos fue bien.
Mientras hacía el puente al coche Gerard se sorprendía de que yo no supiese conducir, y yo solo podía responder con un encogimiento de hombros a su pregunta “y como pensabas llegar a Madrid?”
La verdad es que no lo había pensado.
Yo no pienso las cosas.
Ese es mi mayor problema.

A las ocho de la mañana estábamos saliendo de Barcelona como quien acaba de patear un avispero.
El plan (en principio) era llegar, coger a mi amiga y después...

no había después, no sé que había pensado el francés para “después”.

Nada mas despertar, la música de ABBA comenzó a sonar a todo volumen, resonando en la inmensidad de las carreteras desiertas, llenas de coches abandonados aquí y allá, algunos incluso con las puertas abiertas o los cristales bajados.
Todo es tan absurdo, tan horrible, tan inmenso.

De repente oí a Gerard maldecir algo y subir las ventanillas y me di cuenta que todo volvía a estar como amarillento, murmuró que estaban cerca, que escupían esas esporas al moverse, como un globo cuando se deshincha. Yo miraba por la ventana esperando ver a alguno y esperando no verlo jamás, como si todo aquello fuese una broma de Gerard, el cuento del Coco o los gamusinos que cazas en el bosque.
Apagó el estridente sonido de ABBA.

En cualquier situación lo habría agradecido, pero no en aquella; el “tip top, tip top” volvía a resonar, devolviéndome retazos de lo que habían sido mis días, sola y a oscuras; de las explosiones; de Pink.
Le tendí una de las máscaras y se la puso casi sin ni soltar el volante y apenas el dio tiempo a que el coche avanzara dos minutos mas antes de que, sin ningún ruido mas se detuviera dejándonos tirados en medio de un silencio incómodo.
Entonces hemos entendido porque había tantos coches abandonados.
Al abrir el capó las esporas se comían el motor, como el ácido.

Llevamos cerca de una hora parados y tengo hambre.
Gerard dice que no es prudente avanzar a pie cuando está oscureciendo y que me duerma.
Pero no puedo dormir más.
Estamos pasando la noche en una carretera, pese a todo, las estrellas se ven preciosas.

2 supervivientes:

Taty dijo...
agosto 12, 2009

wowow....increible todo por lo que estas pasando nena...ojala yo tambien pudiera ver esas estrellas en ves de este sombrio techo...

Saliary Röman dijo...
octubre 22, 2012

❤! . . .

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